Ambientalismo

La etapa superior del socialismo, no será el comunismo: ¡será el ambientalismo! Con el ambiente comenzó todo, incluso, antes de que el hombre y la mujer surgieran por primera vez sobre la Tierra. Cualquiera que sea la teoría o la ideología que abracemos, sea evolucionista o creacionista, antes que naciera la vida humana, existía un hábitat, un ambiente y unos ecosistemas que durante siglos cohabitaron y se relacionaron entre sí en armonía y equilibrio natural. De modo que, si bien la historia de la humanidad ha sido una eterna lucha de clases, que dio origen al esclavismo, al feudalismo, al capitalismo y al socialismo o comunismo, también es cierto que, la historia del planeta Tierra, desde la aparición del ser humano sobre su faz, ha sido una constante explotación de la naturaleza en beneficio del hombre y la mujer. ¿Quién y cómo se remunera al capital y al trabajo? Frente a esta interrogante han surgido sistemas económicos, políticos y sociales a favor de uno u otro. Así, nació el capitalismo, de las entrañas del feudalismo, para favorecer y darle su justiprecio a las iniciativas de los burgueses y capitalistas. Sistema que hasta el sol de hoy se ha mantenido. También, en medio de conflictos, rebeliones, confrontaciones y revoluciones, brotó, con miras a sepultar al capitalismo, el ideal socialista y comunista para favorecer los intereses y los requerimientos de la clase explotada en el proceso productivo: el trabajador. Bajo este modelo, el plustrabajo sería recompensado en su aporte a la generación de valor o plusvalía. El capitalismo y el socialismo o, si preferimos, el comunismo, son sistemas políticos, económicos y sociales que surgieron con la intención de favorecer a un sector, grupo, capa o clase social, sobre otras que frenaban el crecimiento, el desarrollo o el progreso de la humanidad.

Desde hace muchos años nos preguntamos: ¿Quién y cómo se le retribuye a aquello que condiciona y determina todo el proceso productivo y social? Es decir: ¿Quién recompensa los daños que le hemos infligido durante siglos a la explotación de la madre naturaleza y al ambiente? O ¿Es que acaso podemos producir y comercializar algún bien o servicio sin que exista aire, agua, tierra, vientos, animales, lluvia, ríos, mares, luz, plantas, piedras…? Ahora que, cada día, tomamos conciencia del valor de la energía natural: ¿es posible producir, transportar, comercializar, comprar, vender, viajar…sin utilizar combustibles fósiles como el petróleo, el carbón, la hulla, el gas…? ¿Quién y cómo se le paga o remunera a la naturaleza todo lo que le hemos robado, sacado o quitado, sin su consentimiento, sin su permiso y su autorización? ¿Acaso la naturaleza no piensa, no siente, no responde a los maltratos y a la expoliación de la que ha sido objeto por miles y miles de años? Es hora de pensar y actuar seriamente y con decisión, para construir, en colectivo, un nuevo modelo económico, político, militar, tecnológico y social, sustentado en el respeto y la convivencia pacífica con el ambiente, antes que la naturaleza nos responda con más fuerza y sorpresiva violencia. Si no, vendrán más maremotos, erupciones volcánicas, huracanes, terremotos, recalentamientos, deshielos, sequías, inundaciones, tsunami, desertificación…Y, ese modelo, tiene que ser post-capitalista y post-socialista, pues ambos paradigmas, no han logrado responder adecuada y oportunamente a los requerimientos humanos y ambientales. Ha llegado la hora de quienes han asumido, por nosotros, la vanguardia mundial en defensa del ambiente. El socialismo del siglo XXI, debería ser una fase que acelere el nacimiento de un nuevo y revolucionario sistema político, económico y social: ¡el ambientalismo! Para “empezar de a de veras”, como al principio de los siglos, cuando nuestros antepasados y originarios practicaban una sabia cosmovisión de convivencia armónica y equilibrada con el ambiente. Basada en el respeto mutuo, la dignidad y la colectividad ¡Por amor al Sol! 

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